Ruidos de la naturaleza. Sol firme en medio del cielo. Árbol solitario rodeado de la aridez extrema. Una superficie de agua. En ella, un grupo de gacelas.
Gacela: perteneciente a la familia del antílope. De tamaño medio, con largas y ágiles patas. Puede alcanzar velocidades de 100 km/h. Se las encuentra en las praderas de las sabanas del África. Viven en grandes rebaños que llegan a nuclear miles de individuos. Para sobrevivir en campo abierto deben estar atentas todo el tiempo.
Dentro del grupo, una gacela. Pasta tranquilamente en la orilla: con su hocico busca entre los matorrales alguna hoja suculenta mientras que su rabo espanta unas moscas que infinitamente se posan en su lomo. Sus ojos parecen independientes uno del otro, revisan bizcamente los alrededores mientras se alimenta. Atentas todo el tiempo. Hacía tiempo que todos sabíamos lo que iba a pasar, la gacela recién identifica el problema.
León: Mamífero carnívoro de la especie de los felinos. Son animales potentes que suelen cazar en grupos coordinados y sitiar a la presa elegida. Sin embargo, no tienen mucha resistencia: aunque llegan a alcanzar 60 km/h, lo hacen en aceleraciones rápidas y cortas.
Se congela la imagen de la gacela en estado de alerta, fuera de foco al fondo se ve al león expectante. Cambio de foco por un segundo al león. Ruge. Primer plano de la gacela, sus músculos se tensan por completo, y con lo que parece ser un salto, comienza la carrera. La huída tiene dos momentos: al principio se suceden ínfimos planos secuencia de la gacela y el león corriendo a toda velocidad en una línea recta imaginaria. No parece haber conexión alguna entre ambos. Hasta el paisaje de fondo parece diferente, como si estuviesen corriendo en lugares geográficos distintos. Inmediatamente después, planos más abar cativos dan cuenta de la persecución y de sus dos actores. En este momento, ambos animales corren irregularmente, alternando líneas rectas con curvas rasposas. Durante toda la secuencia el relator permanece en silencio, se escuchan ráfagas de viento que simulan ser producto de la aceleración de los animales al correr.
La gacela no pierde la gracia mientras escapa, sus músculos se ven sutiles, delicados, pero extremadamente eficaces. Sus ojos están serenos y casi inmóviles. Como si su esencia fuese escapar. Como si su anatomía estuviese perfectamente adaptada a la acción de huir.
Finalmente la gacela es atrapada, pero sólo para justificar el ejemplo. Porque en la vida real las gacelas no mueren, solo huyen.
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